The 0212 Generation: resistencia artística, venezolanidad y controversia. (Review)

The 0212 Generation

The 0212 Generation

The 0212 Generation es el proyecto creado por la caraqueña Valeria Romano (1996) para su tesis de grado de la carrera de estilismo de moda en IED Moda de Milán. Este es una conglomeración – o movimiento – donde se unen varios fotógrafos, estilistas, modelos y otros jóvenes universitarios o adolescentes de Caracas que llevan ya unos años haciéndose conocer por Instagram. El epitome del proyecto es un documental del mismo nombre que puede verse en Youtube.

La generación 0212 (el código telefónico de la ciudad capital venezolana) es una suerte de subcultura o grupo social que conozco desde hace ya algunos años gracias al Festival Intercolegial de Humanidades – cuando solo dirigía la categoría de Escritura y posteriormente durante el tiempo que fui presidente. En aquel entonces aun no tenían nombre pero mi chiste recurrente dentro del Festival era referirme a Willian Álava (ig: @willian.alava), Santiago Méndez (ig: @santiagom.p) y aquel aviario colorido y estrambótico de modelos, estilistas y diseñadores que los acompañan en sus proyectos como “La Subcultura” (incluyendo a algunos personas que no forman parte del proyecto de Romano pero siempre revolotean en el entourage). En parte hipster, en parte nostalgia de Tumblr, La Subcultura – que, gracias a Dios, finalmente se estructura en movimiento formal y toma nombre – evoca una estética visual de los noventa o principios de los dos mil (a veces con lentes color de película de los setenta) que se entremezcla con una feminidad Lolita de calcomanías rosas y soft grunge, una cucharada gender-neutral y un pedazo de punk pastel y angst existencial a lo Ghost World que termina evocando con remembranzas tropicales a Dazed and Confused Magazine, i-D Magazine y UNIF.           

El documental mencionado habla de las razones y metas del grupo y de su situación existencial, semi-ideológica y estética. No puedo dejar de pensar que es una suerte de versión moderna de Zoológico (1991), de Fernando Venturini, pero centrada en la fotografía de modas y el diseño de modas (por mucho que la página del proyecto diga que es del arte en general). Tras verlo y analizarlo me ha dejado algunas opiniones que circulan en mi cabeza como serpientes calientes:

Estos jóvenes son de admirar

El gusto es una cuestión personal y sumamente complicada, como lo son la estética dominante y las estéticas alternativas. Puede que el espectador se encuentre fascinado por los proyectos de los 0212, puede que los considere una verdadera catarsis artística o una punzada avant-garde a la cultura pop venezolana, puede considerarlos un simple show dilettante de querer ser diferente, una transposición del movimiento Glee-Born This Way a Venezuela, es más – puede que el espectador se incomode con ideales de belleza alternativos, hombres albinos y mujeres andróginas. Pero no vengo a discutir cómo cada quien lo interpreta: te guste o no, lo ames o lo odies, no se le puede quitar el mérito a ninguno de los muchachos y mucho menos a Romano, Méndez y Álava. ¡Estamos hablando de hacer múltiples proyectos artísticos en una nación que se está derrumbando! Arte y cultura en medio de colas de supermercado, edificios mugrientos, sangre en la acera, fusiles, botas militares, medios censurados, gas lacrimógeno y estantes vacíos. Hacer arte en este infierno liberado es un bastión de resistencia de belleza sublime – en el más filosófico de los sentidos. ¡Es una realidad donde no hay dinero ni espacios culturales, donde conseguir una cámara es un esfuerzo económico y una amenaza a la seguridad personal, donde se puede ser atracado en un espacio público, donde se vive entre monstruosa violencia y dantesca crisis! Es un devastador panorama de horror y desesperanza, como para lanzarse al vacío: pero ellos siguen. Con su rostro en alto, su cámara en mano y sus ideas burbujeando en la cabeza. Ámalos u ódialos: son admirables. 

El Miss Venezuela es un monolito invencible

El video inicia con una explicación de como Venezuela es un país donde la belleza está regida por sus reinas de belleza mundialmente famosas y donde supuestamente la mayor aspiración de las mujeres es llegar a ser Miss Venezuela. Según la narradora del video, el movimiento desafía esto con su estética y busca la intención de cambiar estos patrones. La causa es, indudablemente, noble pero – sin entrar en discusiones feministas o sociológicas –luchar contra el Miss Venezuela es realmente una batalla infecunda. Estamos hablando de un país donde la belleza existe como concepto central de su existencia: es una sociedad vanidosa donde se le da un valor sagrado y místico, se podría decir que hasta religioso, a la belleza y todo lo que le incumbe (este es el país de las peluquerías y las cirugías plásticas; donde la estética del cuerpo es central pero se reniegan otras ramas estéticas de suma importancia como el diseño gráfico, el diseño editorial, el diseño de interiores, el diseño de modas e incluso la producción televisiva y la publicidad). Venezuela es un un país donde los concursos de belleza son orgullo nacional y objeto de devoción. Donde incluso el proceso de desarrollo de la democracia está ligado a estos.

Luchar contra el Miss Venezuela es luchar contra el corazón de una sociedad entera. Venezuela está regida por siete poderes: el ejecutivo, el judicial, la Iglesia Católica, PDVSA, las Fuerzas Armadas, la Polar y el concurso Miss Venezuela. Este ha producido históricamente ganancias de cantidades millonarias y ha sido patrocinado por marcas tan importantes como Blockbuster, Apple y Coca-Cola. Es más, ¡Tuvimos una candidata presidencial que fue Miss Universo! Y no me impresionaría si, en unas décadas, una Miss se pusiese la banda presidencial. Nos guste o no, la realidad es que luchar contra este es una causa fallida. ¡Pero no es razón para rendirse totalmente! Considero que el movimiento de moda que nace hoy deberá conseguir un punto medio con el concurso: una Venezuela futura donde sigan existiendo las reinas de belleza y su poderío pero donde simultáneamente haya una industria de la moda desarrollada, compleja y artística sin la necesidad de oponerse tan radicalmente al Miss Venezuela. Me atrevo a decir que se necesitaría un acuerdo tácito entre ambos grupos pues es probable que en un futuro (mejor), en el que estos jóvenes desarrollen una hipotética nueva industria de modas venezolana, las marcas y talentos nuevos deban trabajar con las misses y con su poderosísima industria. 

El inescapable destino hacia el consumismo

Santiago Méndez, uno de los fotógrafos del proyecto.

Santiago Méndez, uno de los fotógrafos del proyecto.

Un punto corto pero significante: Sofía Rangel, una de las entrevistadas, considera que este grupo de creativos tiene un impacto porque “no se van a lo comercial”. Pero, ¿es posible la trascendencia de estos talentos artísticos, prácticamente solo del ámbito de la moda y la fotografía, sin el consumismo y la comercialidad? Es un destino inescapable, como el famoso “selling out” que tanto aterraba a las estrellas de rock. El diseño de modas y su industria son un ámbito ciertamente artístico y estético, pero que aun así depende completamente del consumo y del comercialismo: ¿acaso no fue la moda una invención de las élites adineradas para diferenciarse constantemente de las clases económicamente inferiores que copiaban su estilo? De igual manera, la fotografía de modas depende en gran parte de las marcas y revistas que requieren el trabajo fotográfico para sus colecciones y de otros servicios que requieran la industria y las marcas. ¿Es que acaso Vogue.it, donde se hizo un reportaje del proyecto, no es un instrumento agudo del consumo y del capitalismo? Saco a flote una vez más la hipotética industria de modas futura en Venezuela: si el grupo y sus talentos quieren trascender, será necesario no desviar la mirada del consumo y el comercialismo. Aun así, creo que muchos miembros del proyecto entienden esto (tales como Álava, Méndez, El Rifaie e incluso la misma Romano). 

Venezuela no es una dualidad estética entre Miss Venezuela y 0212

Un punto que no me convenció de la narrativa (o incluso metarrelato) del documental es que ilustra tácitamente a Venezuela como una dualidad estética entre aquella del Miss Venezuela (piensen en Alicia Machado circa 1996 o en Dayana Mendoza o en Mariam Habach) y la estética de The 0212 Generation (que bien ya expliqué). Pero, ¿acaso en Caracas, al menos, no existe una plétora de estilos paralelos o intermedios? ¿de expresiones estéticas de los diferentes grupos sociales de la ciudad? ¿de estilos fascinantes y de atrocidades visuales? Pensemos en las explotadas – que irrumpen con ambos estilos de belleza – o en aquel estilo tan característico de las tan mentadas ‘bendecidas y afortunadas’. Y, ¿qué hay del tan caricaturizado estilo de las bachaqueras y buhoneras? Con sus cholas y sus licras multicolores. ¿Acaso la boliburguesía, amos del kitsch, no tiene un estilo muy particular? ¿o los llamados ‘farandis’, mezcla híbrida entre sifrino y reggaetonero, como Alan Wittels, Corina Smith y muchas personalidades de Instagram y Youtube? Y, sumamente icónico, el estilo de las sifrinas caraqueñas tradicionales: las niñas de estrato acomodado con sus lacias cabelleras, blusas holgadas y estilos bubblegum (aves exóticas en restaurantes de sushi o Twister visual) que fielmente siguen los estilos de Vogue y de las insta-bloggers. No considero que el documental deba hablar de los diferentes estilos de los caraqueños, porque este jamás fue el punto del proyecto, pero creo que debió ser más claro en cuanto a la diversidad (por muy extraña y ligada a las clases sociales que sea) que existe en nuestra ciudad.

Los prototipos de belleza son un hecho universal (pero sí: ser ‘diferente’ es un pecado en Venezuela) 

El documental desaprovechó un punto muy importante que esbozó la modelo Victoria Bozo al ser entrevistada: “el venezolano suele ser súper crítico con lo que es distinto. Aquí la mentalidad es muy cerrada y no está acostumbrada a ver algo que es distinto y no criticarlo.” ¡Bingo! Somos, lamentablemente con todo lo bueno y malo que tenemos, una sociedad que considera tácitamente lo artístico o cultural como despreciable, valora la viveza sobre el potencial mental, el dinero sobre el éxito laboral y que esboza el machismo como pilar social: una de las profundas raíces de muchos problemas como la discriminación de género, la homofobia, la desintegración del núcleo familiar, las madres solteras y adolescentes y el caudillismo político. Aquí, las mujeres reducen su dignidad por los hombres, hay canciones sumamente denigrantes y la masculinidad es extremadamente limitante (¿es que acaso el estilo de muchos europeos – heterosexuales – no es una “mariconada” en Venezuela? ¿Es que acaso no es “de jevas” el arte, la moda y la cultura?), etc.…

Aun así, el documental obvió este punto de suma importancia dicho por Bozo pues lo desvió a dos ángulos que resultaron tambaleantes en el mejor de los casos: el primero es mostrar la situación de la predominancia de un patrón de belleza que todos conocemos y la discriminación a “lo diferente” como algo meramente venezolano. ¿Es que acaso los patrones de belleza no son internacionales y globales? ¿No se pelea por las mismas causas, así consideres esto honorable e importante o ridículo y frívolo, en el resto del mundo? ¿Es que acaso las mujeres blancas, altas, muchas veces rubias, flacas y de senos y traseros grandes no dominan las industrias de modas en todo el planeta tierra? ¿Es que acaso la discriminación a base del físico – sin entrar en la discusión de si es válida en una industria de belleza o no – en las revistas y campañas del fashion no es un hecho global? Creo que la falla estuvo en hacerlo ver como un problema netamente venezolano y no como un problema internacional que tiene una mayor intensidad en Venezuela.  Se desvió el punto, de cómo en Venezuela hay un rechazo extremo a lo diferente, para dar una visión de que la dominancia de los patrones de belleza son prácticamente únicos de Venezuela (o al menos así hizo entender Daniela Benaim en una de las entrevistas).

El segundo punto es que dicha hostilidad tan extrema a lo diferente en nuestro país fue transfigurada en una historia de bullying personal – contada por Anabella Angelini – que no se le resta importancia, pero que desvía la mirada de la profundidad del problema: que la discriminación e incomodidad hacia lo diferente en Venezuela no es solo un caso de pertenencia en el colegio, tan común en todo el mundo, si no que abarca todos los ámbitos de la sociedad y su estructura con una profundidad preocupante; causando además que muchos espectadores tomaran este punto no como la denuncia social tan importante que pudo ser si no como una historia más de “chicos que somos diferentes pero nos encanta serlo y por eso somos cool” al estilo Glee o canciones pop de la vertiente Born This Way, Firework o We R Who We R.

¿Caracas, Ciudad de Despedidas 2.0? o de cómo ciertos ‘críticos’ no entienden la cultura, la diversidad ni la globalización

Meteré el dedo en la llaga: la colectividad venezolana, en parte desde sus orígenes pero agudizado exponencialmente por la revolución bolivariana, ha buscado la causa de sus problemas en orígenes externos y ha tratado de encontrar un sentido de identidad en un constructo sin mucha claridad llamado venezolanidad. Posteriormente, como un sentido de culpa restregado por toda la clase media gracias a la revolución, se ha hecho creer que el ámbito cultural – o cualquier ámbito en general – debe estar siempre ligado a los problemas sociales del país o a los sectores más pobres y marginados como lo son los barrios. Es una de las pocas cosas que exalto de Blue Label/Etiqueta Azul: ¡Basta de pensar que no hay otras realidades! ¡Basta de la apología del malandro en el cine! ¿Por qué digo todo esto? Por los comentarios tan ilógicos y llenos de victimización que he visto en la sección de comentarios del video.

Willian Álava, otro de los fotógrafos líderes del proyecto.

Willian Álava, otro de los fotógrafos líderes del proyecto.

¡Han llegado a acusar el video de ser Caracas, Ciudad de Despedidas 2.0! Esto es una locura: ambos enfoques son sumamente diferentes. Los argumentos de estos críticos recaen en frases vacías y erosionadas de tanto uso en el país rojo como que los jóvenes del video son de un entorno de clase alta donde han crecido sumamente alienados de la realidad, que el estilo es el mismo estándar indie del exterior, que no se recalca la venezolanidad y que es un patrón estético europeo o anglo-sajón. ¿Entorno de clase alta? Los jóvenes del video provienen de trasfondos diferentes, gran parte de orígenes no suntuosos y teniendo muchas dificultades para lograr sus sueños y proyectos, y aun así ¿se tiene que ser de clase alta, en este mundo globalizado y dominado por el internet, para seguir corrientes y estéticas del exterior? ¿Y si fuese un grupo de clase alta, los hace menos venezolanos o menos dignos de hacer arte y dar sus opiniones y puntos de vista? Deja mucho que pensar sobre lo que ha dejado este proceso político en las cabezas. ¿Mismo estándar indie del exterior? ¿Venezolanidad? ¿Patrón europeo? ¡Vivimos en la era de la globalización! Es común que los mismos estilos y corrientes se repitan y se adapten por todo el planeta. ¿Qué exigen quienes braman, emocionalmente, por venezolanidad? ¿Palmeras, cuatro, arpa, maraca, arepas y turpiales o modelos vestidos como personajes de Casas Muertas y de Doña Bárbara? ¿Les molesta que algunos de los modelos (porque hay de todas las razas y formas) tengan ojos claros o sean rubios o de piel blanca? ¿Patrón estético europeo o anglo-sajón? ¿Es que acaso Venezuela no es una invención española con una religión con sede en Italia, un idioma de la península ibérica, una manera de vestir completamente occidental, un sistema político de origen griego y forma francesa? ¿Un país que depende de vender petróleo a Estados Unidos, donde se juega baseball como deporte nacional, se come perro caliente en las calles, queso (un producto del Viejo Mundo) en las arepas y cachapas y se toca arpa y cuatro (ambos, o al menos sus ancestros musicales, traídos por España). Además ¿no son sumamente caraqueñas las locaciones utilizadas en las fotos? ¡Dejen de tumbar estatuas de Colón y renegar nuestro origen hispánico! Mestizaje precisamente incluye en su composición a España (56% del ADN del venezolano común). Mucho pseudo-comunismo barato e ilógico tintando de ideología y de argumentos huecos a nuestra cultura contemporánea.

El boom cultural en la Venezuela revolucionaria (y quebrada)

Lo que más le aplaudo y celebro al documental es cuando Constanza Ramírez, una de las entrevistadas, dice que la crisis en Venezuela ha producido un boom en las artes y la cultura. ¿Cómo negarlo? Es cierto que la juventud nos seguimos sintiendo sumamente inconformes con nuestra estructura cultural, sus espacios y su producción (y ni hablar de la auto-complacencia y la falta de crítica) pero no podemos esconder que el ataque abierto a la cultura que hizo el chavismo (Sofía Imber despedida, la centralización de los museos, exposiciones de la vida de Chávez en estos, el Teatro Teresa Carreño como mercado de vegetales…), la búsqueda de la identidad nacional y del amor patrio que apareció en la crisis y el deslave económico reciente han hecho florecer una serie de espacios culturales que no existían en la añorada Cuarta República: Fundación para la Cultura Urbana (2000), Fundación de la Memoria Urbana (2000), Trasnocho Cultural (2001), La Escuela Foto Arte (2008), Festival Imaginarios (2008), Prodavinci.com (2010), la librería Lugar Común y la editorial (2012), Editorial Puntocero (2012), Centro de Arte Los Galpones (2013) Elestilete.com y su editorial (2015), el Festival Intercolegial de Humanidades (2015), el Centro de Investigaciones y Estudios Fotográficos (2016), la Revista Desorden (2017), entre muchos otros proyectos (algunos que ya venían desde los noventa, como RMTF (1993), pero que han crecido muchísimo en los últimos años). Además, el cine venezolano ha tenido gran éxito en los últimos años, la UCAB y la UCV han creado nuevas cátedras como Guionismo, Producción Editorial o Gestión Cultural y una cantidad de escritores venezolanos han ganado premios internacionales (Alberto Barrera Tyszka en 2006, Camilo Pino en 2010, Rafael Cadenas en 2015, Barrera Tyszka de nuevo en 2015, Yolanda Pantin en 2015, Rodrigo Blanco en 2016, Fedosy Santaella en 2016 y Michelle Roche en 2017) cuando históricamente nuestra literatura ha sido sumamente aislada. En las crisis, muchos lloran y otros venden pañuelos.

¿Existe el futuro? (o de cómo hacer futuro)

Uno de los puntos más importantes del documental es dicho por Daniela Benaim, al afirmar que hace falta más academia a nivel de moda, más formación a nivel de moda y más creación de parte de los diseñadores. Este es el cáncer de todas las artes y las industrias de diseño en nuestro país: no tenemos medios culturales de distribución y divulgación y a nivel académico el país sufre una escasez aterradora. Necesitamos mejores profesores, cátedras, academias e institutos que rompan con la dictadura del mal gusto y que no teman en ir más allá, que puedan instruir y crear nuevos artistas y diseñadores como se haría en cualquier otro país, que rompa el aislamiento cultural venezolano, que puedan traer las corrientes internacionales a Venezuela y que se encarguen de desterrar – a través de los nuevos talentos – a esos intentos de artes plásticas, diseño editorial, publicidad, diseño gráfico, etc. que pululan en nuestras revistas, portadas de libros, canales de televisión o galerías de arte (lo cual no significa que no haya material esplendido, pero que lamentablemente es una minoría – en especial en las áreas del diseño). Al igual que Benaim, soy sumamente optimista y creo que las generaciones jóvenes – en especial ahora que muchos venezolanos han sido instruidos con los beneficios de importantísimos institutos y universidades en el exterior – van a ser los heraldos de las nuevas corrientes estéticas en el país, de las industrias de diseño y de los medios divulgativos y distributivos de arte y cultura. ¿Qué mejor muestra de la falta de divulgación que el hecho que este proyecto ha sido escasamente reseñado? ¿Qué haya aparecido en Vogue Italia pero en apenas dos medios venezolanos?

Aun así, sentí una vertiente de derrotismo en muchos de los entrevistados. ¿Por qué no creer en el futuro, si ellos mismos lo están haciendo ahora? ¿Por qué no proponer ideas y soluciones por muy descomunales y grotescos que sean los problemas? Los jóvenes del proyecto, o cualquier joven en Venezuela, no deben dejar de seguir sus sueños e intentar que lleguen a la existencia. El futuro del país – en especial a nivel cultural y artístico – depende en gran parte de nuestra generación. Precisamente, el hecho que estén trabajando en estos proyectos de excelente ejecución y propuesta diferente habla en tiempo presente de un cambio: habla de que aquel futuro soñado, aquellos problemas planteados por Benaim que debemos resolver, está en las manos de los jóvenes – 0212, millenials/generación Y, generación Z, como quieras decirles – y precisamente de aquel ímpetu por resistir, crear, y más que nada cambiar (¡!) que tiene dicha generación (tanto el cohorte mostrado en el documental como los demás grupos) en Venezuela.

Por eso (y creo que aquí ya rayo en un consejo) los jóvenes, más allá de sentir derrotismo por las dificultades que los rodean, deben caer en cuenta que el futuro sí es real: porque está siendo creado por ellos mismos ahorita. Deben caer en cuenta que mientras mantengan – mantengan no, mantengamos – ese ímpetu por crear un país mejor (y aquí incluyo a todos los jóvenes, no solo aquellos del arte y la cultura), este podrá plasmarse en la realidad. De la juventud, de estos grandes sueños, dependerá el resolver los grandes problemas actuales y reformar la cultura – y el país en casi su totalidad –  a través de esas visiones sublimes que actualmente nos seducen en nuestras fantasías.

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Fotos del proyecto (haz click en la imagen para ver la siguiente y ábrela en otra pestaña para verla completa):