Ten tu Chamo: la Telenovela Venezolana y la Deformación Familiar

         Bien desde 1971, Brasil ha sufrido un enorme cambio demográfico. La tasa de fertilidad brasileña se ha reducido de un promedio de seis hijos por mujer a un promedio de menos de dos. Los demógrafos creen que aquel cambio poblacional debe al hecho que Brasil ahora es un país más urbano y más rico, pero nuevos estudios apuntan una fuerza de cambio más inesperada: las telenovelas.  

      Un estudio de población reveló que las populares telenovelas brasileñas tuvieron un impacto directo en las tasas de divorcio y de fertilidad de Brasil a medida que el poderoso canal de televisión Globo se expandió gradualmente por los estados del país. Las telenovelas que llegaron con Globo expusieron a la población a modelos familiares pequeños y más glamurosos – modernizando de esta manera el pensamiento del gigante sudamericano.

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            En Venezuela, mayor exportador de telenovelas en los años ochenta, la situación es otra. No es secreto que en Venezuela las familias donde ambos padres están presentes son atípicas y que existen una serie de problemas en torno a la estructura familiar. El mayor grupo de madres venezolanas son las madres solteras (3,2 millones de mujeres) y en el Zulia solamente hay 94.000 madres con siete hijos y 42.000 con ocho. De hecho, la tasa de fertilidad del país ha aumentado de un 42% en 1960 a un 55% en 2011. Y la situación es aun más sombría: Venezuela es el primer país sudamericano y el tercer país latinoamericano (después de Nicaragua y Honduras) con la mayor cantidad de madres adolescentes. 25 de cada 100 embarazadas tienen menos de 19 años y, preocupantemente, Latinoamérica y el Caribe son las únicas regiones del mundo donde la tasa de embarazos adolescentes ha aumentado y no disminuido de acuerdo a la ONU. Debido a esto, el porcentaje de madres adolescentes ha aumentado de 13,8% en 1990 a 27-30% en 2010 por lo que por día nacen 21 niños venezolanos cuyas madres son adolescentes. La falta del padre en la estructura familiar es notoria, por lo que nace una sociedad matriarcal donde el padre desaparece y deja a su pareja – la madre de mis hijos – como único soporte de su descendencia. La existencia de refranes como “una vez que se acaba el amor por la mujer, se acaba el amor por los hijos” reflejan la situación. La irresponsabilidad también existe en las mujeres. En Venezuela, es común que una mujer en un intento desesperado de mantener a su pareja a su lado se embarace (lo que se conoce en inglés como un anchor baby) – muchas veces fallando en su meta. Otras mujeres aconsejan a sus amigas con tener un bebé (“ten tu chamo”) por el logro que representa para ellas, ignorando la responsabilidad y el peso económico que esto implica. Los anticonceptivos son ignorados por la falta de educación sexual que sufre la gran mayoría de la población de Venezuela.

            El poder de la televisión – el nuevo opio del pueblo – sobre los televidentes puede llegar a ser enorme. Un ejemplo de esto es la occidentalización que ha sucedido en casi todo el planeta una vez que los televidentes de zonas como Asia o Medio Oriente quedan expuestos a la vida en Occidente. También, la normalización de temas que otrora eran tabú, como la homosexualidad o el sexo prematrimonial, ha sido empujada en gran parte por la televisión. En Venezuela, la televisión (solo hay que pensar en el 11-A) y las telenovelas también ejercen su influencia sobre la población – muchas veces deseducando. Mis críticas a la influencia de las telenovelas sobre el pueblo venezolano empezaron después de que vi “Cosita Rica”, una superba telenovela de Leonardo Padrón que toca temas sociales y políticos del país (hay hasta un personaje que representa a Chávez). Cosita Rica es el típico romance de una mujer pobre (Paula C) con un hombre rico (Diego) y los muchísimos obstáculos que encuentran en el camino (claro, sumándole cosas como el malandraje, el chavismo, la lucha de clases, etc…). El mayor obstáculo para los héroes de la telenovela es Vicky, la burguesa esposa de Diego quien es retratada como una monstruosa y malvada perra sin corazón que hará lo imposible por evitar el amor de los protagonistas (más o menos Cruella de Vil en el Este de Caracas). Pero si se pone esta situación en la vida real, toma otra perspectiva: Vicky es una mujer tratando de salvar su matrimonio pues su marido es un hombre infiel y Paula C es su amante (y empleada…). Lo que trato de decir con esto, es que el televidente está siendo expuesto a una moralidad retorcida y errónea: la esposa es el antagonista, la amante es la heroína y la infidelidad es aceptada y aplaudida. Peor aun, el televidente es receptor a la idea de que debe luchar por un marido infiel en vez de divorciarse de él una vez por todas. Cosita Rica, no estás dando un buen mensaje.

            Las novelas clásicas del país son igualmente dañinas. “Leonela” nos muestra una mujer que es violada pero posteriormente se enamora del violador y se casa con este. En “Abigail” vemos una alumna de bachillerato que enamora a su profesor, tiene un hijo con este y posteriormente – tras todo un drama sin fin – se casa con él. “Cristal” nos muestra, al igual que en un momento Cosita Rica, que una mujer quedando embarazada va a mantener a su marido cerca (y no importa si el bebé es de él o no). Las telenovelas han tenido un resultado tóxico en la sociedad venezolana: el televidente es expuesto y convencido constantemente de que una mujer pobre solo progresará acostándose con su patrón, que embarazándose una mujer mantendrá a su pareja cerca, que ser infiel está bien y que el gran amor de una mujer es un hombre que la maltrata o – ¡por el amor a Dios! – un violador del que fue víctima.

Una transformación en la temática de las telenovelas, que ejercen un gran poder en la población venezolana, es más que necesaria - es urgente. Dejando aquellos modelos arcaicos y machistas, estas deben exponer al televidente a un estilo de vida moderno e influenciar la manera de pensar como sucedió en Brasil, siendo así transportadoras de la modernización y del pensamiento moderno y no odas a la misoginia que, a cambio del dinero que producen, desinforman e influencian para mal a un país entero donde la deformidad de la estructura familiar y de la maternidad están estrechamente relacionadas con la miseria. Se necesitan telenovelas donde Vicky le pida el divorcio a Diego una vez que descubre su amorío con Paula C, donde Leonela lleve a su “gran amor” a la justicia, donde Abigail se gradúe del colegio sin un bebé y donde embarazarse por un hombre lleve al personaje a la pobreza y no a un matrimonio idílico. Nuestra televisión ya no puede ser tóxica si no productiva, usando el drama pero con una nueva perspectiva moral que eduque a través de la dureza de la realidad. Hay que cortar, romper, armar, y más que nada mostrar con una nueva perspectiva, las estructuras y los ideales de la telenovela. Es decir, hacer un cambio en la cultura. Por eso digo: guionistas, no pudran las mentes de los venezolanos - edúquenlas.