Déjenlos Comer Torta

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           Cientos y cientos de fuegos artificiales, estrellas instantáneas de color arcoíris que detonan espectacularmente por los cielos empolvadamente grises de Caracas, anunciaron la llegada del nuevo año. Por un momento efímero, un impulso que viaja por el sistema nervioso y puya en las neuronas, la alguna vez deslumbrante capital de la república se ve alegre. No solo entre sus edificios colosales – suerte de hermosos monstruos de concreto bruto – y sus avenidas de palmeras tropicales, si no en sus barrios ciclópeos; aquellas ciudades paralelas donde explotan veloz y fugazmente chispas destellantes de celebración entre la miseria y el hambre. Cuando la pólvora se ha disipado, la ciudad vislumbra el 2015.

            Pero el inicio del año no ha sido de celebración si no de preocupación por la escasez que ha invadido a todo el país, dejando a los anaqueles sin alimentos para los venezolanos. En Catia, la antigua urbanización de los inmigrantes, las colas para entrar a los supermercados se vuelven kilométricas. Son enormes serpientes conformadas de gente (¿Acaso no fue una serpiente quien trajo la caída al hombre?) que parecieran reptar por las calles y esquinas y trepar puentes sobre calles. Serpientes que no terminan en las cuales un ciudadano puede pasar un día entero, desde las peligrosas madrugadas caraqueñas hasta sus enfáticas tardes, esperando por un kilo de azúcar o un litro de leche. Peor aun, madres esperando por pañales para sus hijos recién nacidos o enfermos y ancianos esperando por medicinas imposibles de conseguir. Ese es el precio de la revolución.

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            Las largas multitudes-serpientes no solo culebrean por Catia. Están en toda la ciudad. ¡Colas por aquí! ¡Colas por allá! ¡Sectores populares! ¡Barrios! ¡Verdes urbanizaciones pudientes! Es un espectáculo de miseria, una desgracia no vista desde hace veinticinco años (después de que la ciudad fuese saqueada), es un teatro del horror. Las colas se presencian en cualquier sector. En La Trinidad, una enorme cola brota del supermercado Plan Suarez y caracolea por el sector industrial.  En Santa Fe, el centro comercial presencia colas largas para las farmacias y supermercados. De Petare a La Pastora aparecen las mismas colas kilométricas. En Cumbres de Curumo, en el este de la ciudad, la cola del supermercado se expande incontrolablemente. Las autoridades tratan de mantener el control, pero es imposible. Una señora fue arrollada y la leche que había comprado fue robada. Mientras lloraba, otra mujer que esperaba en la cola comenzó a reírse de la victima. La desesperación y la neurosis gubernamental hizo a la gente indolente. Quienes traen el desorden a Cumbres de Curumo no son habitantes de la zona, si no personas humildes de los anillos de miseria que rodean la capital o gente proveniente de otros estados que han hecho el viaje a Caracas por la hambruna en el interior. ¿Dónde queda Cumbres de Curumo? Preguntan obreros en Los Próceres, listos para ir a buscar leche. La intrusión de gente de otras zonas ha causado un choque con los habitantes de la zona, llamados “burguesía golpista de Cumbres de Curumo” en una ocasión por el gobierno, sumiendo desesperación a la patética situación. El supermercado, que parece saqueado, emana un fétido olor. Enero ha sido un mes difícil para toda la ciudad.

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            En la ya mencionada Catia, las colas se han salido de control y ha habido intentos de saqueo. Hoy, un auto de la policía fue tomado por una turba furiosa y saqueado, pues llevaba pañales y otros productos en necesidad. Los policías no pudieron hacer nada contra la ira colectiva que se expresaba en gente corriendo por calles antiguas irónicamente sofocadas con grafitis con la firma del caudillo difunto. Los saqueos se han reportado en otras zonas de Caracas. El Caracazo ha sido recordado de nuevo por los caraqueños mayores de treinta y cinco.

            En una aislada aula de clases de un bachillerato privado de solo hombres, la profesora cuenta sus experiencias. Los pocos alumnos que han asistido a clases aquella primera semana disfrutan del ocio, algunos hablando de futbol y otros de Lana del Rey, pero el relato de la profesora les capta la atención. El día anterior se encontraba en una larga cola en uno de los excedidos supermercados. Una señora, que llevaba mucho tiempo en la cola, se acercó a pagar: llevaba tres carritos de mercado llenos de comida. Cuando finalmente llegó su torno, explotó en rabia y frustración. ¡No podemos vivir así! Gritó furiosa ¡Yo vine de Puerto La Cruz porque allá nos estamos muriendo de hambre! La señora continuo desahogando su frustración de vivir en un país rico donde no hay comida. La profesora, oyendo el discurso de la señora, comenzó a llorar. Miró a su alrededor, todos en la cola lloraban.

            La escasez salvaje que azota a la población ha llegado a todo sector. El Colegio Mater Salvatoris de Maracaibo, prestigiosa escuela católica para niñas, se ha visto en la necesidad de enviarle el siguiente comunicado a los padres y representantes:  

“Estimados Padres y Representantes:

Por medio de la presente les informamos que se han agotado las existencias de papel higiénico en el Colegio y, ante la imposibilidad de adquirir lo necesario para el volumen de niñas que posee el Plantel, nos vemos en la necesidad de solicitar de ustedes que cada alumna acuda al Colegio con sus propias toallitas y papel toilette, a partir del lunes, 12 de enero.

LA DIRECCIÓN”

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             El país ha llegado a una escasez sin precedentes.  En un supermercado, un guardia nacional – tratando de abusar de poder – fue a ordenar que no vendieran 4 kg de azúcar si no 2. La respuesta no se hizo esperar, el hombre fue golpeado en la cabeza por latas de sardinas. En otros comercios, se ha prohibido la fotografía de los anaqueles vacíos y hasta se han puesto cortinas. Peor aún, en ciertos lugares las rejas han sido tumbadas por las turbas enardecidas. Los supermercados por toda la ciudad han sido militarizados debido al caos. Las protestas estudiantiles han reiniciado en Chacao, Caracas y en el estado Táchira; anuncian lo que está por venir. Los venezolanos añoran más que nunca los tiempos de antaño; derroche de consumismo colorido.

            La tensión brota de los poros de la gente y empapa el aire del país. Es una tensa calma antes de la tormenta. La desesperación no se había sentido de esa manera nunca, ni si quiera en la antesala de las protestas del febrero pasado. Es una ira acumulada, una frustración ante un gobierno que ha llevado a Venezuela a la quiebra. Se pide cambio en cada esquina, calle, avenida, barrio, urbanización, municipio, ciudad y estado. El chavismo se ha vuelto anacrónico en la república ultrajada. La colérica tensión – entremezclada con furia y frustración, con arrechera – es llevada por el viento: simplemente se siente, preciso, empujado por el propio dinamismo del país. Venezuela se ha vuelto una bomba de tiempo. “en 15 días” dicen unos, otros “en un mes”. “Esto es insostenible. Ya no se puede” dice la multitud “La cosa está fea”. Todos esperan lo mismo. Sienten el deseo de destruir lo establecido, de acabar con el sufrimiento, de acabar con la revolución. Es el deseo del cambio, es una ira acumulado. La ira de los venezolanos son pequeños átomos en su sangre que gritan pidiendo eufóricamente, sacudidos por un cosquilleo furioso, al oído “¡libertad! ¡libertad!” y esperan el momento de detonar interiormente y hacer una liberación de energía – quásares y supernovas multicolores – mayor que la de Hiroshima. Y cuando se libere esa energía fugaz, cuando explote la bomba de tiempo, ya no habrá vuelta atrás. Estamos caminando en un mar de pólvora que con cualquier mecha puede prenderse. El alma de los venezolanos es una animal que lleva ya mucho tiempo encadenada. Los estudiantes y los hambrientos y todos los habitantes presionan violentamente su prisión listos para salir y arrasar con un sistema inservible. La tensa calma antes de la tormenta se siente vigorosamente. Caracas parece más alterada que nunca.

 

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 [1] - Hoy, #9E, no se reportaron colas gigantescas en Cumbres de Curumo ni Santa Fe pero si se reportaron otros días de la semana. Las colas tan impactantes de hoy fueron principalmente en zonas populares de punta a punta de la ciudad.